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Estos son los últimos especímenes llegados a nuestra redacción

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El protocolo de autopsia fue clarísimo y refirió como causa precisa y necesaria de la muerte, la de asfixia por inmersión. El cuerpo había estado tres días en el agua y fue necesaria la part...

Historia:
El protocolo de autopsia fue clarísimo y refirió como causa precisa y necesaria de la muerte, la de asfixia por inmersión. El cuerpo había estado tres días en el agua y fue necesaria la participación de efectivos policiales, bomberos y hasta buzos para el rescate.
Para nadie quedaba duda que el joven de 18 años de edad se había ahogado en el río. Los testimonios estaban a la vista. A la vista de todos, menos para el testigo que escuchó y observó que el cadáver era puro huesos y piel, sin sangre.
Entonces revivieron las leyendas sobre la existencia de las medusas que tenían su hábitat en algunos puntos más profundos del río Loa. La medusas, según las narraciones de la época operaban de tal manera que envolvían a sus víctimas y le extraían la sangre para alimentarse. Algo parecido a lo que hacía el Chupacabras con los animales.
Era el 18 de noviembre de 1979 cuando se produjo el accidente con una serie de coincidencias que contribuyeron a aumentar el misterio de lo ocurrido.
Ese 18, un joven de 18 años, quien cumplía el servicio militar y tenía domicilio en la calle Ejército de la población Independencia de Calama, a las 18 horas se lanzó a la piscina natural del río, en el sector de Las Turbinas. Había un testigo presencial, nadie más. El infortunado bañista salió a la superficie y levantó las manos como pidiendo auxilio "pero, algo mucho más poderoso que él parecía que lo había tomado de los pies y lo hundió de nuevo. Hubo un segundo intento y se acabó", dijo el testigo.
Luego, el aviso a Carabineros, sirenas, policías, bomberos. Midieron la profundidad del río. Cuatro metros exactos. Había más agua que la actual. El cuerpo no se divisaba desde la superficie.
Llegó la noche.
Extraño
Elfo Roberto, tal era el nombre de la víctima, era descrito por amigos y conocidos como un "experto nadador", por lo que se daba poco menos que como un imposible una muerte por inmersión. El sector de Las Turbinas, hacia el oriente de Calama, le resultaba conocido y agradable. Se había habituado a ese lugar, al que estaba concurriendo ese año desde mediados de octubre porque el año había resultado muy caluroso y zambullirse en el río era poco menos que diaria invitación.
Avisó en su casa que iría al río. Dejó el uniforme en su casa y, de paisano, se fue con su amigo a recrearse y refrescarse. Fue su última visita al río Loa.
Se lanzó desde una roca que le confería bastante altura a la picada, por lo que un salto resultaba espectacular.
Era domingo con no menos de veinte grados a la sombra, sin viento.
La búsqueda del cadáver se prolongó hasta pasadas las 21 horas. Continuó al día siguiente, sin resultado positivo.
Decidieron llamar a buzos de Antofagasta. Al atardecer llegó uno y ubicó el cadáver, pero no alcanzó a llegar a él. El martes se formó un equipo completo que incluyó muchas personas especializadas. Lo ubicaron, lo rescataron y el cadáver fue enviado a la morgue para la necropsia.
De entre quienes participaron en el rescate se filtró el secreto que el cuerpo estaba desangrado.
Medusas

La existencia de las medusas a las que también llaman "cuero" en algunos puntos del río se remonta a los tiempos en que en varios predios mantenían vacunos para el abastecimiento de carne de la población y también para la producción de leche. No hay que olvidar que Calama se autoabasteció de carne y leche cuando el río Loa todavía no era atacado y los suelos agrícolas abundaban.
El sacrificio de esos animales solía producirse en los mismos predios y las pieles o cueros solían caer al río. Las medusas se adueñaban del cuero de vacuno y hacían su hábitat con lo que le inferían vida. Los cueros adquirían la forma de campana que se cerraba alrededor de cuerpos extraños, como el de una persona por ejemplo. Como el cuero era especie viva se alimentaba de la sangre de las personas. Cuando no hallaba víctimas permanecía en el fondo del río y así subsistía largo tiempo.
La leyenda dice que hubo varios casos de niños que cayeron al río, inclusive en el sector bajo de Ayquina. La tradición sostiene que los cuerpos fueron hallados desangrados.
Tanto era el convencimiento que partiendo de las medusas se tejió la leyenda del "Monstruo de la Laguna de Chiu Chiu", cuya última aparición tuvo lugar en 1982 y fue observada por estudiantes universitarios que dieron cuenta de su experiencia a los diarios. Los universitarios narraron que había dos grandes cuerpos esféricos flotando en esa laguna. Los lugareños no le concedieron mayor importancia dado que sabían antes que se trataba de los llamados cueros flotantes que después se hundirían.

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