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Durante el verano de 1915, varios navíos ingleses señalaron la presencia de estos animales en una zona del Atlántico norte. Fue en esa misma zona donde, el 30 de julio del mismo año, el subm...

Historia:
El saurio oceánico, es una especie de gran lagarto o cocodrilo de más de veinte metros de longitud adaptado a la vida marina. Su cabeza es muy alargada, con grandes mandíbulas provistas de dientes cónicos y afilados y ojos saltones situados en la parte superior. Su cuerpo está cubierto de escamas como las de los cocodrilos, y tiene una cresta dorsal. Posee dos pares de aletas o patas palmeadas.
Es de color grisáceo o castaño rojizo. Nada mediante ondulaciones horizontales de su larga y fuerte cola, que está comprimida lateralmente. Habita en todos los mares cálidos, aunque parece poco común. Durante el verano de 1915, varios navíos ingleses señalaron la presencia de estos animales en una zona del Atlántico norte. Fue en esa misma zona donde, el 30 de julio del mismo año, el submarino alemán U-28 hundió el vapor Iberian; entre los restos del naufragio, seis tripulantes del submarino pudieron observar también uno de estos saurios, agonizante. En plena Primera Guerra Mundial es difícil que los marinos alemanes estuvieran al corriente de los informes ingleses anteriores, lo que da un gran valor a estos testimonios. En la actualidad, el único animal que responde vagamante a la descripción de esta serpiente de mar es el cocodrilo marino [Crocodylus porosus]; se trata de la única especie de cocodrilo que se aventura en el mar. Se extiende por las costas de Asia desde la India hasta China, Australia y algunas islas del Pacífico, aunque es un gran nadador, y puede viajar más de mil kilómetros por mar. Pero no supera los siete metros de longitud. Una de las hipótesis sobre la identidad de esta serpiente de mar es que se trata de cocodrilos marinos cuyo tamaño se ha exagerado, pero ciertas observaciones se han realizado en el océano Atlántico, muy lejos del área de distribución de esta especie. Otros investigadores proponen que se trata de una nueva especie de cocodrilo gigante. Por otra parte, se conocen diversos grupos de reptiles marinos fósiles del mesozoico que pueden identificarse con esta serpiente marina: los pliosaurios, semejantes a los plesiosaurios pero con el cuello corto; los talatosuquios, grupo de cocodrilos adaptados a la vida marina; y los mosasaurios, relacionados con las serpientes.
La tortuga gigante
Se han recogido unas pocas observaciones de una enorme tortuga, de más de diez metros de largo, con la boca y los ojos muy grandes, que quizá no sean más que exageraciones referidas a la tortuga laúd [Dermochelys coriacea], la mayor tortuga marina viviente, que sólo alcanza los dos metros de longitud; o interpretaciones erróneas de algún otro tipo de serpiente de mar. Algunos autores han sugerido, para explicar estas observaciones, la supervivencia de la tortuga gigante del cretácico Archelon ischyros, emparentada con la tortuga laúd, que podía llegar a medir hasta cinco metros de longitud; sin embargo, dado que todas las tortugas marinas deben acudir a tierra a desovar, es difícil que un animal así haya pasado desapercibido hasta la fecha.
El jaune o serpiente de mar amarilla
Serpiente de mar de veinte a cuarenta metros de longitud con aspecto de renacuajo. Su piel, de aspecto fláccido, es de color amarillo brillante, con una lista negra a lo largo de la columna vertebral y varias bandas negruzcas transversales en los flancos en cantidad variable. La cabeza es enorme y aplanada, unida al tronco sin cuello apreciable. Tampoco tiene aleta dorsal. El cuerpo es ancho, y la cola es muy larga y fina. Alcanza los 20 km/h. Habita en aguas tropicales del océano Índico y África del sur, precisamente el área de distribución del tiburón-ballena (aunque, a diferencia de éste, carece de aletas dorsal y caudal); también ha sido observada una vez en Japón. Puede ser un anfibio marino gigante semejante a una salamandra, un gran tiburón, o una raya gigante; en este último caso, se habrían tomado por una enorme cabeza sus aletas pectorales. Pero sólo ha sido observada en seis ocasiones, y de ellas, sólamente tres parecen fiables.

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