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En casi todas las riberas de los mares del mundo, los pescadores han transmitido de padres a hijos relatos de monstruos gigantescos que acechan bajo las ondas.

Historia:
En casi todas las riberas de los mares del mundo, los pescadores han transmitido de padres a hijos relatos de monstruos gigantescos que acechan bajo las ondas. Pero ningún monstruo fue descrito con más detalle que la gigantesca serpiente de mar, cuyos lares se imaginan frente a las costas del Brasil.

Por aquellas aguas navegaba en 1905 el Valhalla, buque en que viajaban Meade Waldo y Michael Nicholl, miembros de la Real Sociedad Británica de Zoología.

Los dos hombres se hallaban en cubierta cuando vieron emerger de los mares algo así como una roca. Waldo escribiría después:

«Contemplé un enorme pez o una masa tremendamente irregular surgiendo del agua, de un color pardo oscuro parecido al de las algas marinas.

»Tendría una longitud de 1,80 metros y se elevaba sobre la superficie unos 60 centímetros. Pude ver bajo el agua, detrás de la masa informe, la sombra de un cuerpo de considerable tamaño. Delante, surgieron una cabeza y un cuello enormes. Este sería del grosor de un cuerpo humano; aquélla, por su forma y por sus ojos, se asemejaba a la de una tortuga».

Conmoción en el agua

«Llegué a ver la línea de la boca, pero el barco proseguía su derrota y cada vez nos alejábamos más. La bestia movió el cuello a ambos lados de modo peculiar; la cabeza y el cuello eran de color pardo oscuro por arriba y blancuzco por debajo».
Al parecer, el monstruo manifestó de nuevo su presencia 14 horas más tarde, pues Nicholl dijo haber observado «una profunda agitación en las aguas». Los pilotos primero y tercero del Valhalla también lo advirtieron.

Nicholl escribía: «Al principio lo confundieron con una roca superficial, a unos 100 ó 150 metros de distancia; pero en seguida apreciaron que se movía ligeramente más deprisa que el barco, que bogaba entonces a unos ocho nudos y medio. Un vigía también lo vio desde su puesto.
Aunque la luna era clara, nadie pudo distinguir al animal debido a la espuma que levantaba. No obstante, dijeron que por las sacudidas del agua parecía como si un submarino navegase bajo la superficie».

Testa caballuna

El monstruo desapareció pocos minutos después. En 1924, John Lockhart escribía sobre aquella aparición y comentaba en Misterios del mar:

«La mayoría de los testigos coinciden en sus principales características: es un largo animal que recuerda a la serpiente; tiene una serie de jorobas; su cabeza se asemeja a la del caballo; su color es oscuro por arriba y claro por debajo; avanza con movimientos vermiculares; aparece en los meses de verano». Pero Lockhart añadía: «Es inofensivo, pues jamás ha atacado a nadie». El relato del Valhalla coincide con descripciones de apariciones presenciadas muchos siglos antes. En ellas también se dice que es un animal largo y ondulante, que culebrea por el mar.

En el siglo IV antes de J.C., Aristóteles se refiere a enormes serpientes aparecidas junto a Libia: «Unos navegantes cuentan haber visto frente a la costa numerosas osamentas de bueyes devorados por serpientes. Cuando se adentraron en el mar, las serpientes les atacaron. Algunas se abalanzaron sobre un trirreme y lo hicieron naufragar».

Serpiente que predice el tiempo

En 1555, Olaus Magnus, arzobispo de Uppsala (Suecia), describía una serpiente de mar de 60 m de longitud por 6 m de diámetro. El pelo le colgaba del cuello y tenía agudas escamas.

Hans Egede, misionero noruego, vio en 1734, cerca de Groenlandia, «un terrible monstruo marino» y escribió: «Tenía un hocico largo y afilado y resoplaba como una ballena; agitaba sus grandes y anchas aletas, y lo que veíamos de su cuerpo estaba cubierto de piel áspera, muy arrugada y desigual; además, su parte posterior tenía forma de serpiente. Cuando volvió a sumergirse se echó hacia atrás, y al hacerlo levantó su inmensa cola sobre el agua: tendría la longitud de nuestro barco. Aquella noche nos hizo muy mal tiempo».

En el siglo XIX persistió el tema de la serpiente marina debido al hallazgo, en 1808, del «animal de Stronsa», en las islas Orcadas (Escocia). Fue descubierto por unos pescadores y examinado por expertos. La identidad del monstruo suscitó una controversia de varios años, y al fin prevaleció la opinión de que se trataba de un cetorrino.

El monstruo del capitán M'Quhae

Pero el acontecimiento más sonado tuvo lugar en 1848 frente a las costas africanas del Atlántico y fue protagonizado por el buque británico Daedalus. El capitán Peter M'Quhae declaró haber visto una enorme serpiente, y añadía: «Mantenía la cabeza y los hombros 1,20 metros por encima del agua. Carecía de aletas, pero, a lo largo de su espalda, se extendía algo semejante a las crines de un caballo o más bien a una mata de algas. Los zoólogos no se mostraban dispuestos a creer en la legendaria serpiente y dijeron que posiblemente se tratara de una foca o pulpo de gran tamaño.

Pero mientras unos naturalistas niegan la existencia de la serpiente marina, otros igualmente respetables no ven dificultad en que en algún confín de los océanos pueda existir alguna de tales criaturas, acaso descendiente de los gigantescos animales, anteriores al hombre, que dominaron la Tierra durante millones de años.

Fuente: editorialbitacora.com

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